tres chicas charlando sentadas en la cama

PRIMER MES VIVIENDO FUERA DE CASA: LO QUE NADIE TE CUENTA

Hay momentos que sabes que van a llegar, pero hasta que no los vives no entiendes realmente lo que significan. Uno de ellos es el momento de cerrar la puerta de casa, despedirte de tus padres y darte cuenta de que, por primera vez, vas a empezar una vida que depende mucho más de ti. Si este septiembre te toca vivir fuera de casa por primera vez para empezar la universidad, probablemente estés sintiendo una mezcla bastante difícil de explicar: ilusión por todo lo que está a punto de comenzar, nervios por lo desconocido, ganas de conocer gente nueva y, al mismo tiempo, cierta sensación de vértigo ante la idea de estar lejos de lo que hasta ahora era tu rutina.

Mudarte para estudiar no es solamente cambiar de ciudad o empezar una carrera. Es aprender a organizarte, conocer un lugar nuevo, hacerte tus propios horarios, descubrir cómo quieres aprovechar tu tiempo y empezar a tomar pequeñas decisiones que antes quizá tomaban otros por ti. El primer mes viviendo fuera de casa puede ser intenso, extraño, divertido y agotador a partes iguales. Y lo más importante es que no existe una única manera correcta de vivirlo.

Porque si hay algo que nadie suele contarte antes de vivir fuera de casa, es que los primeros días no tienen por qué ser perfectos. No pasa nada si echas de menos tu habitación, si el primer fin de semana quieres volver a casa, si tardas unas semanas en sentir que Sevilla es también un poco tu ciudad o si todavía no sabes muy bien qué hacer con tantas horas y tanta libertad. Todo eso forma parte del proceso. Y, probablemente, dentro de unos meses recordarás estas primeras semanas con una mezcla de nostalgia y cariño.

Los primeros días pueden sentirse un poco raros

Cuando llevas mucho tiempo esperando el momento de irte a estudiar fuera, es fácil imaginar que el primer día será una especie de comienzo de película: llegas con tus maletas, conoces a gente, recorres la ciudad, empiezas las clases y, de repente, todo encaja. La realidad suele ser bastante más desordenada, y eso no significa que sea peor.

Durante los primeros días estás construyendo una rutina prácticamente desde cero. Todavía no sabes cuánto tardas en llegar a clase, dónde comprar, qué supermercado te queda más cerca, cuál es tu cafetería favorita o cuánto tiempo necesitas por las mañanas para salir de casa. Incluso cosas tan sencillas como decidir qué vas a hacer después de clase pueden convertirse en pequeñas decisiones que antes no tenías que plantearte.

Por eso, si acabas de llegar a Sevilla para estudiar y sientes que todavía no terminas de situarte, no te preocupes. Adaptarse a vivir fuera de casa lleva un tiempo. Una ciudad empieza a sentirse tuya cuando dejas de verla solamente como el lugar al que te has mudado y comienzas a reconocer tus propios sitios, tus recorridos y tus costumbres.

Y esto es especialmente importante durante el primer mes: no intentes tener una vida completamente organizada desde el primer día. Date permiso para estar un poco perdido. Estás empezando una etapa nueva y es normal que necesites unas semanas para encontrar tu ritmo.

La independencia es mucho más que hacer lo que quieres

Una de las cosas que más ilusión hace cuando vas a vivir fuera de casa por primera vez es pensar en toda la libertad que vas a tener. Nadie te preguntará a qué hora llegas, nadie decidirá qué tienes que hacer cada tarde y podrás organizar tus días como quieras. Esa sensación de independencia es fantástica, pero también tiene una cara que quizá no habías pensado tanto.

Ser independiente también significa acordarte de poner una lavadora antes de quedarte sin ropa limpia, controlar tus gastos, organizar tus horarios, levantarte aunque no tengas ganas, mantener tu habitación en condiciones y saber cuándo necesitas descansar. De repente, pequeñas responsabilidades que antes estaban integradas en tu día a día pasan a depender exclusivamente de ti.

Y aunque al principio pueda parecer abrumador, precisamente ahí está una de las partes más interesantes de vivir fuera de casa. Poco a poco empiezas a descubrir que eres capaz de hacer muchas más cosas de las que pensabas. Aprendes a gestionar tu tiempo, a resolver pequeños problemas y a tomar decisiones por ti mismo. No sucede de un día para otro, pero cada semana que pasa te sientes un poco más seguro.

La independencia universitaria no consiste en saber hacerlo todo desde el principio. Consiste en aprender mientras lo haces.

También vas a echar de menos cosas que no esperabas

Hay algo curioso cuando empiezas a estudiar fuera de casa: muchas veces no echas de menos aquello que imaginabas que echarías de menos. Quizá pensabas que ibas a echar muchísimo de menos tu habitación y, sin embargo, lo que más te sorprende es echar de menos una conversación cualquiera en la cocina, comer con tu familia un domingo o que alguien te pregunte cómo ha ido el día.

La nostalgia puede aparecer en momentos completamente inesperados. Puede ser mientras haces la compra, al volver de clase o incluso cuando estás pasando un día estupendo con tus nuevos amigos. Y no significa que te hayas equivocado al marcharte ni que no estés disfrutando de tu nueva vida. Puedes estar feliz en Sevilla y echar de menos tu casa al mismo tiempo.

De hecho, aprender a convivir con esa sensación forma parte de la experiencia de vivir fuera de casa por primera vez. Las videollamadas, los mensajes y las visitas ayudan muchísimo, pero también es importante que no conviertas cada momento de nostalgia en una razón para querer volver inmediatamente.

Tu casa seguirá siendo tu casa. Lo que estás haciendo ahora es empezar a construir otra vida que también tendrá un lugar importante para ti.

Tu nueva ciudad todavía no se siente como tuya, pero llegará

Si has llegado a Sevilla para empezar la universidad, probablemente durante las primeras semanas tengas la sensación de estar siempre descubriendo algo. Y eso, lejos de ser un problema, es una de las mejores partes de vivir en Sevilla siendo estudiante.

Al principio tendrás tus rutas perfectamente calculadas: de casa a la universidad y de la universidad a casa. Poco a poco empezarás a desviarte. Descubrirás un sitio donde desayunar, una plaza donde sentarte después de clase, un parque para desconectar, una biblioteca donde estudiar o una calle por la que te gusta pasear cuando necesitas despejarte.

La ciudad empieza a convertirse en tuya precisamente a través de esos pequeños descubrimientos.

No necesitas convertirte en un experto en Sevilla durante tu primera semana. Sal, camina, utiliza el transporte público, pregunta, piérdete un poco y deja espacio para descubrir. Una ciudad universitaria se disfruta mucho más cuando no la recorres únicamente de camino a clase.

Además, tener una vida más allá de la universidad es una de las mejores maneras de adaptarse a vivir fuera de casa. Cuando empiezas a tener tus propios lugares y tus propias rutinas, la sensación de estar lejos de casa empieza poco a poco a transformarse en la sensación de estar creando un hogar nuevo.

Y sí, hacer amigos puede dar bastante miedo

Probablemente esta sea una de las preocupaciones más habituales entre los estudiantes que comienzan la universidad. “¿Y si no hago amigos?”. Es una pregunta que puede aparecer incluso en personas muy sociables y seguras de sí mismas.

La buena noticia es que prácticamente todo el mundo está empezando desde cero. Habrá estudiantes que lleguen a Sevilla sin conocer a nadie, otros que conozcan a una o dos personas y algunos que parezcan haber formado un grupo desde el primer día. Pero las primeras impresiones no determinan cómo será tu vida universitaria.

Cuando empiezas a vivir fuera de casa por primera vez, conocer gente nueva se convierte casi en una parte inevitable del día a día. Compartir residencia, coincidir en clase, estudiar juntos, apuntarse a una actividad o simplemente preguntar “¿tú también eres de primero?” puede ser suficiente para iniciar una conversación que termine convirtiéndose en una amistad.

Y tampoco necesitas encontrar inmediatamente a tu grupo de amigos definitivo. Durante los primeros meses vas a conocer muchísimas personas. Algunas se quedarán y otras formarán parte de un momento concreto de tu vida universitaria. Ambas cosas están bien.

Lo importante es no encerrarte esperando a que sean los demás quienes den siempre el primer paso. Si estás viviendo una experiencia nueva, probablemente la persona que tienes delante también esté nerviosa.

Una residencia puede hacer que la adaptación sea mucho más sencilla

Para muchos estudiantes, elegir una residencia universitaria es una de las decisiones más importantes antes de empezar la universidad. Especialmente cuando se trata de vivir fuera de casa por primera vez, contar con un entorno preparado para estudiantes puede hacer que los primeros meses sean mucho más sencillos.

Una residencia de estudiantes no es únicamente un lugar donde dormir. Es un espacio en el que compartes el día a día con otras personas que están atravesando exactamente el mismo proceso: empezar una carrera, adaptarse a una nueva ciudad, conocer gente y aprender a gestionar su independencia.

En una residencia de estudiantes en Sevilla, además, puedes tener la oportunidad de conocer desde el primer día a estudiantes con diferentes carreras, procedencias y personalidades. Esa convivencia hace que sea mucho más fácil que la ciudad deje de sentirse desconocida y empiece a convertirse en el escenario de tu nueva etapa.

En ONE Sevilla, por ejemplo, la idea es precisamente crear un entorno en el que estudiar, descansar, socializar y disfrutar de la experiencia universitaria puedan convivir. Contar con espacios comunes, zonas de estudio y servicios pensados para estudiantes permite que muchas de las preocupaciones prácticas de una mudanza sean un poco más sencillas y que puedas dedicar más tiempo a lo realmente importante: empezar a disfrutar de tu nueva vida.

No compares tu primer mes con el de los demás

Esta es probablemente una de las cosas más importantes que puedes recordar durante tus primeras semanas: no compares tu adaptación con la de los demás.

Puede que conozcas a alguien que parezca completamente integrado después de tres días. Puede que otra persona ya tenga un grupo enorme de amigos mientras tú todavía estás intentando aprenderte los nombres de tus compañeros de clase. Puede que alguien esté encantado con la experiencia desde el minuto uno mientras tú tengas momentos en los que te preguntes si has hecho bien en marcharte.

Nada de eso significa que estés haciéndolo peor.

Cada persona necesita un tiempo diferente para adaptarse a vivir fuera de casa. Hay quienes necesitan semanas para sentirse cómodos y quienes se adaptan rápidamente. También puede haber días buenos y días malos. Un martes puedes estar convencido de que has tomado una de las mejores decisiones de tu vida y el viernes puedes estar deseando volver a casa para comer la comida de tu madre.

La universidad no es una carrera por ver quién se adapta antes. Es una etapa que vas construyendo a tu propio ritmo.

Aprende a cuidar también de ti

Entre las clases, los nuevos amigos, los planes, las tareas y todas las cosas que quieres hacer durante esta nueva etapa, es fácil olvidarse de algo bastante importante: descansar.

Cuando empiezas la universidad y vives fuera de casa, tienes muchas más oportunidades para hacer planes. Nadie te dice que tienes que irte a dormir, nadie controla tus horarios y siempre parece haber algo nuevo que hacer. Aprovechar la experiencia es fantástico, pero también necesitas aprender a escuchar cuándo tu cuerpo y tu cabeza necesitan parar.

Dormir bien, comer de forma regular, mantener cierta rutina y reservar momentos para estar solo no significa que estés desaprovechando la vida universitaria. Todo lo contrario. Cuidarte te permitirá disfrutar mucho más de ella.

También es importante que no sientas que tienes que estar haciendo algo constantemente. Habrá tardes en las que lo mejor que puedas hacer sea quedarte tranquilamente en tu habitación, escuchar música, ver una serie o llamar a casa. La independencia también consiste en aprender qué necesitas para sentirte bien.

El primer mes no define cómo será toda tu universidad

Quizá este sea el mensaje que más necesitas escuchar si estás a punto de vivir fuera de casa por primera vez: no tienes que tenerlo todo resuelto en septiembre.

No tienes que haber encontrado a tus mejores amigos. No tienes que conocer todos los rincones de Sevilla. No tienes que haber establecido la rutina perfecta. No tienes que estar completamente adaptado a la universidad. Y, desde luego, no tienes que sentirte feliz todos los días.

Septiembre es solamente el comienzo.

Habrá nuevas asignaturas, nuevos profesores, nuevas personas, nuevos planes y muchas situaciones que todavía no puedes imaginar. Algunas cosas saldrán exactamente como esperabas y otras serán completamente diferentes. Y eso es precisamente lo emocionante.

El primer mes viviendo fuera de casa no consiste en demostrar que ya eres completamente independiente. Consiste en empezar a descubrir quién eres cuando tienes la oportunidad de tomar tus propias decisiones.

Dentro de unos meses recordarás este septiembre de otra manera

Ahora mismo puede que estés mirando las maletas y pensando en todo lo que dejas atrás. Puede que estés nervioso por empezar las clases, por conocer gente o por enfrentarte a una ciudad nueva. Quizá incluso tengas la sensación de que todo está sucediendo demasiado rápido.

Pero llegará un momento en el que Sevilla dejará de ser “la ciudad a la que me he mudado para estudiar” y pasará a ser simplemente tu ciudad. Tendrás tus sitios favoritos, tus rutinas, tus amigos, tus profesores, tus historias y un montón de recuerdos que no existían cuando llegaste.

Y probablemente un día, sin darte cuenta, alguien que acaba de llegar te preguntará cómo fue para ti vivir fuera de casa por primera vez. Entonces recordarás aquel primer mes, las dudas que tenías, los nervios, las primeras noches lejos de casa y todas esas pequeñas cosas que ahora parecen enormes.

Y te darás cuenta de que lo hiciste.

Porque estudiar fuera de casa no consiste únicamente en ir a una universidad diferente. Es aprender a construir una vida nueva sin dejar atrás la que ya tenías. Es descubrir lugares, personas y versiones de ti mismo que todavía no conoces. Es equivocarte, aprender, hacer amigos, echar de menos, volver a casa algunos fines de semana y regresar después con ganas de seguir descubriendo.

Así que si este septiembre empiezas esta aventura, intenta no exigirle demasiado al primer mes. No necesitas que sea perfecto. Solo necesitas vivirlo.

Lo demás llegará poco a poco.

Y quizá, cuando termine el curso, descubras que aquel septiembre en el que pensabas que estabas dejando tu casa atrás fue, en realidad, el mes en el que empezaste a construir un nuevo hogar.